Una vida dedicada al folklore

Abraham Helú, la partida del productor que reflejó una identidad

Abraham Helú fue uno de los últimos exponentes de una era, la de los empresarios que lo arriesgan todo siguiendo más a una convicción, una idea, que a los impulsos y la conveniencia del mercado. Y su convicción fue el chamamé.

Cuando en los ´90 nadie apostaba comercialmente al folklore correntino, Helú abrió su productora como un emprendimiento familiar, como una cruzada casi romántica para grabar y difundir la creación de autores correntinos que hasta entonces eran relegados por los sellos discográficos; eran los años del soporte físico, sin streaming ni difusión digital, la única posibilidad de trascendencia para un artista era el registro discográfico (“en CD y cassettes”, como decía un reclame de la época), y A. H. abrió la puerta de sus estudios a músicos hasta entonces inéditos. 

Toda una nueva camada de chamameceros que renovaron el género creció gracias al estímulo que les brindaba tener su música sonando en las fiestas barriales, en bailes improvisados, en acontecimientos familiares, desde modestos equipos domésticos. Hasta tuvo la visión de imponer un estilo: la fusión de la cumbia con el chamamé, creando un nuevo folklore que se impuso en los sectores populares para animar las reuniones donde el pueblo se expresa. 

Su influencia no se limitó a Corrientes, porque músicos de todo el NEA, Entre Ríos, Santa Fe y Buenos Aires grabaron su material aquí, convirtiendo a Corrientes en el epicentro de una micro industria discográfica capitaneada por un solo emprendedor.

Abraham Helú partió, pero antes tradujo la voz de un pueblo en obra registrada, un legado que muy pocos pueden jactarse de dejar.