
“El rancho ‘e la Cambicha”: cuando los cabecitas hicieron explotar el folklore
Mario Millán Medina nació el 25 de mayo de 1914 en Colonia El Porvenir, departamento de Goya. En 1935, a los veintiún años, formó un conjunto musical con un repertorio compuesto mayormente por temas propios y otros del cancionero folklórico de época. Letrista sagaz, convirtió al paisano correntino en personaje central de su obra, dotada de un humor que acrecentaba la humanidad de sus creaciones. “El bailecito social”, “Padre de mi patria”, “El recluta”, “La guampada” y “Mi ponchillo colorado” no necesitan prácticamente presentación, por estar incorporados a la memoria colectiva. Sin embargo, su obra más reconocida y auténtico récord cultural, es reconocida gracias a otro intérprete.
Millán Medina compuso “El rancho ‘e la Cambicha” y lo grabó el 10 de septiembre de 1947; tres años después, el 3 de septiembre de 1950, Antonio Tormo hacía su versión del tema, convirtiéndolo en un hit mucho antes de que existiera el concepto. Tormo tenía 37 años y una larga carrera como intérprete cuando grabó “El rancho…” Siempre se jactó de su olfato para captar lo popular, y con el suceso del tema de Millán Medina lo demostró. Contaba que se encontró con el tema entre una pila de chamamés de la discográfica donde grababa, y su olfato popular lo llevó a registrarlo. No se equivocó: en un año, vendió más de cuatro millones de discos, convirtiéndose en el más vendido de la historia nacional.
Tiempos del primer gobierno peronista, la canción fue adoptada de inmediato por los paisanos del interior que iban a buscar fortuna a Buenos Aires, los míticos “cabecitas negras” que se desperdigaron poblando las fábricas, los talleres y las construcciones. León Gieco recordó, en un reportaje, que a los paisanos que llegaban del interior a Retiro se los conocía, por la época, también como los “20 y 20: veinte centavos para comprar una porción de pizza, veinte centavos para poner ‘El rancho ‘e la Cambicha’ en la rockola”. Gieco incluso tituló así un disco que rescataba la obra de Tormo.
Esa popularidad, paradójicamente, hizo permanecer proscripto a Tormo después del golpe de Estado del ´55 que derrocó a Perón. El artista (conocido como “el cantor de los cabecitas negras”) como tantos otros entró en una lista negra del gobierno de facto de la que solo el rescate de otros cantores que reconocieron su legado pudieron sacarlo, décadas después.
La expresión popular produce cruces e historias que crean recuerdos y evocaciones que perduran, nutriendo una memoria común.
