Publicado el 12.8.26 | Algunos artistas tienen el privilegio sagrado de postular a la eternidad sus creaciones y de quedar indisolublemente ligados a ellas. Desde la Novena Sinfonía de Beethoven a “Kilómetro 11” de Cocomarola, del Raskólnikov de Dostoievski al Gilgamesh de Lucho Olivera, esa bendición le es asignada a aquellos que traspasaron las fronteras de su disciplina para convertirse en una instancia superadora: la cultura.

Ese destino le cupo a Francisco Solano López, que es lo mismo que decir Juan Salvo, El Eternauta, quien falleció el 12 de agosto de 2011, en Buenos Aires.
Nacido el 26 de octubre de 1928, Solano López era sobrino nieto del mariscal Francisco Solano López (de quien era homónimo), presidente paraguayo durante la Guerra de la Triple Alianza. Sangre guaraní corría, entonces, por las venas del dibujante.
En la década del 50 comenzó su vida profesional en la Editorial Columba, la inolvidable cuna de las revistas El Tony, Fantasía, D’artagnan, Intervalo y Nippur Magnum.
Eran los tiempos dorados de la historieta argentina, porque además de Columba, Cesare Civita fundó la editorial Abril, importando de Italia a dibujantes como Alberto Ongaro, Ivo Pavone, Hugo Pratt y Paul Campani. Justamente, su ingreso a Abril y el inicio de la sociedad creativa con Héctor Germán Oesterheld se dieron al mismo tiempo cuando le tocó reemplazar a Campani en Bull Rocket, obra escrita por Oesterheld. Cuando el guionista dejó Abril para fundar Editorial Frontera, su propia empresa, se llevó a Solano López junto a los artistas italianos, y en 1957, en la revista Hora Cero, nació El Eternauta. “A mí personalmente, y creo que lo mismo a Héctor, nos divertía mover esos personajes con características típicas de los héroes aventureros, pero con los tics propios de la nacionalidad, de las relaciones y de los dichos argentinos”, contó Solano López. “Juan Sasturain dijo de El Eternauta que era una especie de Martín Fierro del siglo XX, un clásico”.
En 1963 se radicó en Europa, donde trabajó para la editorial inglesa Fleetway. Regresó cinco años después y volvió a Columba. En 1976 emprendió la segunda parte de El Eternauta en la revista Skorpio de Ediciones Récord, con Oesterheld en la clandestinidad. También en esa época su hijo Gabriel fue secuestrado por la dictadura militar y liberado con la condición de que abandonaran el país. Solano López no lo dudó y con toda su familia partió a Madrid. Fue allí donde publicó La guerra del Paraguay, con guion de Gabriel. Tras su paso por Madrid se radicó en Río de Janeiro, desde donde enviaba su material a Estados Unidos y Argentina.
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