Efemérides. Anconetani

Publicado el 19.8.26 | Tal vez el nombre Anconetani no diga mucho a los no iniciados, pero todos los que aman la música saben que esa firma en un acordeón significa una historia centenaria y la marca que le puso sonido al chamamé, desde los grandes próceres en adelante.

El 19 de agosto de 2013 fallecía una parte fundamental de esa historia: Nazareno Anconetani, el último de los hermanos que mantuvieron vivo el mítico taller. Su padre, Giovanni, nació en Loretto, Italia, y era amigo y representante de Paolo Soprani, un legendario fabricante de acordeones. En ese rol llegó a la Argentina para vender los instrumentos de la casa, y entre viaje y viaje decidió afincarse en el país. Además de vendedor, Giovanni era fabricante, y en 1918 compró una casa en el barrio porteño de Chacarita. En los fondos de la propiedad construyó su primer taller, dedicándose por entero a la confección de instrumentos. Sus hijos Juan, Luis, Josefina y Nazareno aprendieron el oficio desde pequeños y nunca abandonaron la labor.

En la década de 1920 salieron al mercado los acordeones Juan Anconetani, los cuales comenzaron a ganar un notable prestigio entre los músicos. Al fallecimiento de Giovanni, los cuatro hermanos quedaron al frente de la firma familiar, correspondiéndole a Nazareno, el menor, la producción de los botones, los nombres en celuloide y la estética de las piezas.

Su primer cliente chamamecero fue el curuzucuateño Ramón Estigarribia, y a partir de allí la marca se transformó en un objeto de deseo para el mundo de la música litoraleña. Ernesto Montiel, Tarragó Ros, Raúl Barboza, Carlos Talavera y el Chango Spasiuk pulsaron instrumentos salidos de las manos de los Anconetani, quienes “silbaban y cantaban mientras trabajaban”, según recordaba Aída, hija de Juan.

Los instrumentos eran construidos con maderas seleccionadas de un predio propio en Bernal: “Y como la luna gobierna la madera, los podamos solamente en cuarto creciente, de lo contrario la madera no sirve”, explicaba Nazareno sobre las técnicas del taller. “Hay secretos que uno se lleva a la tumba con ganas, porque nos llevó toda una vida aprenderlos”.

Nazareno tenía 91 años al momento de su partida, dejando un legado imborrable en la luthería nacional. “Hoy nos dejó Nazareno Anconetani, el último de los grandes luthiers de acordeón”, escribió en su despedida el Chango Spasiuk. “Voy a extrañar subir al taller y no encontrarte”.

En la actualidad, aquel taller histórico se ha transformado en el Museo Anconetani del Acordeón, espacio dedicado a preservar el acervo de la familia. Asimismo, en 2015 se estrenó el documental Anconetani, dirigido por Silvia di Florio y Gustavo Cataldi, donde el propio Nazareno relató la saga familiar y su pasión por la música.

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