Publicado el 17.6.26 | Hubo un tiempo en la Argentina en que la producción de libros era la más alta de Latinoamérica y superaba a la de Francia; una época en la que “Cien años de soledad” se editó por primera vez en nuestro país. Hubo una época en la que existieron Eudeba y el Centro Editor de América Latina (CEAL), ambas capitaneadas por Boris Spivacow, un editor legendario en días de editores legendarios.

De raíces rusas a la Editorial Abril
Hijo de inmigrantes rusos judíos, nació el 17 de junio de 1915. Sus padres llegaron al país huyendo de los pogroms y las persecuciones políticas, y en Buenos Aires abrieron una tienda de artículos de moda. El pequeño Boris fue un voraz lector temprano que ya en su niñez recorría bibliotecas públicas para leer a los clásicos rusos y franceses en su lengua original.
Su historial académico incluye una licenciatura en Matemáticas obtenida en la Universidad de Buenos Aires (UBA) y el dictado de clases en la misma, pero la persecución por su militancia comunista lo alejó de las aulas. Comenzó a dar clases particulares a la vez que ingresaba a la mítica Editorial Abril, la empresa de Cesare Civita pionera en la historieta argentina. Allí colaboró y alternó con grandes figuras que marcaron la época de oro de las revistas Misterix y Rayo Rojo:
- Hugo Pratt, Ivo Pavone y Alberto Ongaro.
- Héctor Germán Oesterheld y Francisco Solano López.
Eudeba y el hito del Centro Editor
De allí partió para crear Eudeba, la editorial universitaria que abandonó tras la brutal represión de la dictadura de Juan Carlos Onganía en la trágica Noche de los Bastones Largos. Lejos de retirarse de la actividad, junto a un comprometido grupo de compañeros fundó el Centro Editor de América Latina, sello con el que llegó a publicar unos 5.000 títulos bajo una premisa que rigió su vida: “Libros para todos, más libros para más”.
La censura y el fuego de la dictadura
Pero los libros suelen ser considerados peligrosos en los períodos oscuros de la historia. En 1978, la última dictadura cívico-militar allanó los depósitos en los que el Centro Editor almacenaba su producción en la localidad de Sarandí: detuvo a catorce trabajadores e incautó y quemó un millón y medio de libros. Varias editoriales de distintos puntos del país sufrieron el mismo destino de censura y persecución.
Pese al golpe devastador, el CEAL continuó su labor con resistencia hasta 1995, cuando cerró sus puertas definitivamente. Un año antes, el 16 de julio de 1994, Boris Spivacow falleció en Buenos Aires, habiéndole puesto el cuerpo a la verdadera gestión e inclusión cultural. En su homenaje, y coincidiendo con la fecha de su nacimiento, se conmemora hoy en nuestro país el Día del Editor.
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