
Genio y conciencia social. Solo estas dos características bastarían para definir a Juan Carlos Soto, el artista que fue un mojón en las artes plásticas correntinas.
Nacido el 7 de octubre de 1942 en Santa Fe, estudió en el Taller de Arte de la UNNE de Resistencia, a mediados de los ’60 viajó a Buenos Aires para asistir a la Acedemia Estímulo de Bellas Artes y frecuentó a Berni, Spilimbergo, Castagnino, Alonso y a toda la efervescente escena cultural de una década mítica, en la que el arte se mezclaba con lo político y que estaba imprimiendo un nuevo rumbo al mismo concepto de arte.
Hombre convencido del valor del trabajo colectivo, a su vuelta a Corrientes formó parte del multidisciplinario NUPILI, el Núcleo de Pintores Libres en el que militaron Chocoto Díaz de Vivar, Carlos Gordiola Niella, Rolando Díaz Cabral y Marily Morales Segovia, entre otros. Con el mismo espíritu gregario, fue uno de los fundadores, en 1985, de Arte Ahora, grupo en el que germinó el concepto de “Corrientes, ciudad de los murales”. Compañero de ruta de Luis Llarens, Fernando Calzoni y José Kura, Arte Ahora veía en cada pared en blanco un lienzo a poblar con imagen y color. Arte Ahora fue pionero en la técnica del esgrafiadao que, a diferencia de la pintura directa sobre el muro, lo iba trabajando en capas. Esta técnica les fue transmitida por el artista israelí León Kotler.
Participó del Correntinazo, vendió dibujos en el Mercado, se inspiró en la vida cotidiana de su pueblo, en la lucha, en la figura femenina, creó siempre con los ojos en la realidad de su tiempo.
Soto encarnó como nadie la bohemia y la tortura de la creación artística y pagó “los precios terribles que el destino cobra a los creadores cabales”, como perfectamente escribió Dolina. Dejando tras de sí una obra impresionante, falleció en Corrientes el 15 de septiembre de 1995.
