
Publicado el 10.03.26 “Algunos portaban viejos sombreros negros llovidos de tiempo y uso sobre rostros curtidos de sol enmarcando la barba y piel oscuras…”
En la memoria de Ramón Ayala gravitaban las imágenes de un pasado de épica
cotidianeidad en la que hombres duros se abrían paso en el monte que era refugio pero a la
vez peligro, medio de subsistencia y probable último destino.
Ramón Ayala sabía de lo que hablaba. Nacido el 10 de marzo de 1927 en Garupá, un
pueblo misionero fronterizo al Paraguay, creció escuchando los relatos de su abuela, que
contaba las andanzas de su abuelo en las filas paraguayas en la Guerra de la Triple Alianza.
Mayor de cinco hermanos, cuando falleció su padre migraron a Buenos Aires, de donde
regresó un tiempo después para reencontrase con los hermanos que se quedaron en
Misiones. Decía que en su casa vivía un pombero. “Para asomarse a todos estos misterios
del arte hay que ser medio brujo”.
Uno de los poetas más grandes de la música nacional, su madre le compró su primera
guitarra a un turco por tres pesos, y ya no la dejó más.
Hombre de enorme compromiso social, sus letras construyeron un universo de violenta
belleza, que antecedió en años al realismo mágico y al boom latinoamericano. Heredero de
Quiroga y de la forma de interpretar el mundo guaraní, “El cosechero” trascendió todas las
fronteras y fue versionado por artistas como Mercedes Sosa o Juan Carlos Baglietto. Es que
su historia de trabajadores golondrina embarcados en la grandeza de una gesta al sol por la
supervivencia es inconfundiblemente nuestra, a la vez que universal.
Artista inquieto, fue pintor y hasta inventó un género musical, el gualambao. Paseó su
guitarra de diez cuerdas por todo el mundo, mientras el tiempo parecía pasar sin dejar
huella en su rostro sin surcos hasta el final.
Longevo brujo del monte, cantor enamorado, cronista implacable de las penurias de la
gente que menos tiene, intuitivo y erudito, cosechero y mensú y hachero y jangadero, todas
sus vidas se apagaron un 7 de diciembre de 2023, en Buenos Aires.
