
El paisaje correntino, de luz cegadora, horizontes extensos y su combinación de verdes
intensos y ocres, fue manantial de inspiración para los pintores correntinos que lo
plasmaron en su manifestación primigenia o intervenida por el hombre, casi perdido en su
exuberancia de choque entre la extensión y la calidez irradiada por la paleta cromática que
traduce un perpetuo estío.
Entre ellos, uno de los más reconocibles por su estilo es José Negro.
Nacido en Corrientes el 20 de octubre de 1900, Negro estudió en la Academia de Bellas
Artes e Idiomas, fundada por un grupo de mujeres correntinas encabezado por Josefina
Contte el 16 de junio de 1907 (luego de su fallecimiento, la institución pasó a llevar su
nombre). Egresó en 1920 con el título de Profesor de Dibujo y Pintura, y nunca dejó de
pintar. Adherente estético al impresionismo al igual que su contemporáneo y coterráneo
Antonio Ballerini, se decantó por el empleo del óleo y la acuarela para sus retratos y
paisajes de colores potentes, saturados, que apresaban la luz casi sin variaciones
estacionales que es característica de la provincia.
Desde su egreso de la Academia de Bellas Artes pasó a desempeñarse como profesor en
la misma durante toda su vida laboral, a la para que seguía produciendo obras; solía
internarse días en el paisaje para crear. Participó en muestras provinciales y nacionales, y el
patrimonio del Museo de Bellas Artes correntino cuenta con tres óleos de su autoría:
“Alrededores”, de 1939, “El profesor Adolfo Mors” (donado en 2021, y la que es
considerada su obra paradigmática: “Curupicaí”, de 1948.
Al cabo de una prolífica vida artística, falleció en Corrientes el 7 de septiembre de 1969.
La sala principal del Museo de Bellas Artes fue bautizada en su homenaje.
