Efemérides

Publicado el 15.10.26 | El 15 de octubre de 1931 apareció la primera edición de un libro fundamental de la literatura argentina y del pensamiento nacional: “El hombre que está solo y espera”, de uno de los escritores correntinos más injustamente olvidados en el canon provincial, Raúl Scalabrini Ortiz.


El hombre al que se refiere Scalabrini Ortiz en el título es “el hombre de Corrientes y Esmeralda”, una suerte de alter ego no admitido que el autor emplea para exponer su visión sobre el porteño arquetípico, al que ve como una representación del ser nacional a la vez que una figura iconoclasta que usa para dinamitar ese mismo arquetipo. “El Hombre de Corrientes y Esmeralda es el vórtice en que el torbellino de la argentinidad se precipita en su más sojuzgador frenesí espiritual”, describe, a la vez que aconseja que “No se alboroten, pues, los políticos ni los granjeadores de voluntades. El Hombre de Corrientes y Esmeralda no es ladero para sus ambiciones”.

Pese a la admonición, Raúl Scalabrini Ortiz fue un hombre profundamente político en los tiempos cruciales de solidificación institucional nacional. Nacido en Corrientes el 14 de febrero de 1898, Raúl Ángel Toribio era hijo de Pedro Scalabrini, un naturalista, profesor de Historia y Filosofía que llegó a Entre Ríos desde su Italia natal a los 20 años, y de Ernestina Ortiz, una entrerriana con ascendencia vasca.

En 1895, por cuestiones laborales y científicas (su padre fue uno de los fundadores del Museo de la Provincia), la familia se trasladó a Corrientes, donde vino al mundo “Marangatú” (el apodo que su padre le puso), el menor de sus tres hijos. Luego de una estadía de cuatro años en Esquina, la familia se trasladó a Buenos Aires, donde Raúl obtuvo el título de agrimensor en la Facultad de Ciencias Exactas mientras frecuentaba el efervescente mundo cultural de la época donde se cruzaban Macedonio Fernández, Alfonsina Storni y Benito Quinquela Martín. Militante radical yrigoyenista, luego del golpe de Estado de Uriburu que dio inicio a la Década Infame en 1930, participó en la revolución que fracasó en 1932 y por la que debió exiliarse en Europa.

“El hombre que está solo y espera” fue su segundo libro; el primero, una recopilación de cuentos titulada “La manga”, en 1923. Su visión política profundamente nacionalista y contrapuesta al imperialismo reformulado por la Primera Guerra que modificó el mapa de potencias mundiales, lo hizo militar junto a Arturo Jauretche en FORJA (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina).

La década de los ’30 significó la de mayor producción intelectual, ya que publicó “Política británica en el Río de la Plata» (1936), «Los ferrocarriles, factor primordial de la independencia nacional» (1937), «El petróleo argentino» (1938), «Historia del Ferrocarril Central Córdoba» (1938) e «Historia del primer empréstito» (1939).

“El porteño es, en cambio, indeductible (…) Hay obreros conservadores y plutócratas revolucionarios. Lo ajeno no contagia (…) Es el hijo primero de nadie que tiene que prologarlo todo (…) Un escupitajo o un suspiro que se arroja en Salta o en Corrientes o en San Juan, rodando en los cauces, algún día llega a Buenos Aires”.

El 30 de mayo de 1959, después de haber visto otro golpe de Estado, el de 1955, y de oponerse a él, falleció en Buenos Aires, él también hombre que esperaba, él también origen y fin de una corriente nacional venida de los cuatro puntos de la patria.

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