Publicado el 16.10.26 | El 16 de octubre de 1969 se estrenaba “Invasión”, la obra cumbre del cine de vanguardia argentino, dirigida por Hugo Santiago y con guion original de Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares.

Es conocido el amor que profesaron Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares al género fantástico, y que queda de manifiesto en el argumento de la película. Aquilea es una ciudad ficticia que evoca a Buenos Aires pero sin definirla por completo. Los invasores que la acosan son unos hombres vestidos con pilotos que avanzan sobre la ciudad sin encontrar obstáculos entre la población pasiva, hasta que don Porfirio organiza un grupo para combatir a los invasores (esta resistencia de los viejos es un tema que Bioy Casares ya había abordado en “Diario de la guerra del cerdo”, donde los ancianos son cazados en las calles por grupos de jóvenes en una versión extrema del recambio generacional).
Ambientada en 1957, la película guarda muchos puntos de contacto con «El Eternauta» de Héctor Germán Oesterheld (entre ellos el año en que se desarrolla la acción), y ambas coinciden en el empleo del género fantástico como metáfora de la situación política en tiempos del onganiato.
El desarrollo del proyecto estuvo signado por vacilaciones y dilaciones. Borges y Bioy no terminaban de comprometerse con la película, y hasta se negaron a firmar el contrato. Hugo Santiago (Hugo Santiago Muchnik, el director), que conoció a Borges en la Universidad de Buenos Aires cuando era estudiante, aceptó estoicamente las condiciones del binomio, que le regalaron el resumen del film “para que haga lo que quiera”. Pese a eso, B y B siguieron trabajando en el guion y aportaron nuevas escenas.
La película se estrenó en un cine desaparecido, el Hindú, y no fue bien acogida por el público en su momento. Ni por el propio Bioy, que en su diario escribió: “El film no llega a los espectadores; éstos ríen en los momentos trágicos y largamente se aburren. Nos vamos con precipitación…”.
Con el tiempo, la película se transformó en una obra de culto absoluta y fue reconocida por la crítica por los indudables méritos del lenguaje cinematográfico manejado por Muchnik, quien compartió una época de riqueza estética del cine nacional caracterizada por la búsqueda y asimilación de lenguajes como la nouvelle vague y el neorrealismo, búsqueda personificada también por realizadores como Manuel Antín, Leopoldo Torre Nilsson y Leonardo Favio.
Como joya atemporal queda la célebre sinopsis trazada por el propio Jorge Luis Borges sobre su obra:
“La leyenda de una ciudad, imaginaria o real, sitiada por fuertes enemigos y defendida por unos pocos hombres, que acaso no son héroes. Lucharán hasta el fin, sin sospechar que su batalla es infinita”.
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