Efemérides

Publicado el 9.10.26 | El 9 de octubre de 1952 se estrenaba en el Gran Rex la que es considerada una de las diez mejores películas del cine argentino: “Las aguas bajan turbias”.


Dirigida por Hugo del Carril, la historia tiene como escenario los yerbatales de la selva misionera, donde los hombres son explotados en un trabajo y un entorno inhumanos, con el agobio del calor y el agotamiento físico que hace parecer todo a punto de estallar. Allí, los hermanos Peralta, interpretados por el propio Hugo del Carril y por Pedro Laxalt, se convierten en trabajadores y empiezan a conocer las condiciones infrahumanas, que incluían abusos y castigos físicos.

El tema de los yerbateros (los “mensúes”, por “mensuales”) y la brutalidad que padecían fue reflejado en varias obras de la cultura popular, y “Prisioneros de la tierra”, la película de Mario Soffici de 1939 ya demostraba la impunidad del poder encarnado por la empresa y los manejos brutales que eran tolerados por un sistema ciego y sordo, cómplice con jueces, policías y gobernantes. También Ramón Ayala, el gran poeta misionero, dice en su tema “El mensú” que “el latir del monte quiebra la quietud / con el canto triste del pobre mensú”.

Entre las obras de la cultura popular que adoptaron una mirada social para empatizar con el sufrimiento de los obreros oprimidos no deben desdeñarse los textos que dieron origen a “Prisioneros de la tierra” y a “Las aguas bajan turbias”: en el primero de los casos, los cuentos de Horacio Quiroga, que conocía de primera mano la situación por haber vivido en Misiones e interactuar con los protagonistas, y en el segundo la novela “El río oscuro”, de Alfredo Varela.

La historia de Varela es interesante más allá de su obra. En 1941 viajó a Misiones, y allí redactó las “Notas misioneras”, crónicas que fueron la base para su novela, publicada dos años después. Militante comunista en una época en la que el partido permanecía proscrito, Varela estaba preso en el Chaco por la época en la que Hugo del Carril comenzaba a darle forma a la película. Cuando lo trasladaron a Devoto, Del Carril y Eduardo Borrás, el guionista, comenzaron a visitarlo y ahí, en la cárcel, se escribió el guion de la película. Por su condición de preso político, el nombre de Varela no aparece en los créditos. Sumado a esto, el director debió afrontar la carencia de película virgen y el resquemor que el proyecto generaba en las esferas oficiales.

Siguiendo el destino de tropiezos que pareció signar a la película, los negativos originales se perdieron por muchos años, hasta que la Asociación de Apoyo al Patrimonio Audiovisual rescató un internegativo, recuperando la película.

“¡Neike! ¡Neike! / El grito del capanga va resonando. / ¡Neike! ¡Neike! / Fantasma de la noche que no acabó”.

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Lourdes Sánchez. Presidente del Instituto de Cultura: @lourdesanchezok