Publicado el 18.9.26 | Antonio Tormo fue la primera gran mega estrella de la música popular argentina, un fenómeno de ventas inimaginable en esta época; su versión de “El rancho‘e la Cambicha”, el tema de Mario Millán Medina, llegó a vender 5 millones de discos.

El 18 de septiembre de 1913 vino al mundo en Mendoza, en un pueblo llamado General Gutiérrez. Su padre falleció antes de su nacimiento, y años después Antonio trabajaría en su mismo puesto en la bodega Giol. Al mismo tiempo, con un amigo forma un dúo y consigue un contrato en Radio Cuyo. Luego de una estancia en San Juan (ninguno de los dos vivía de la música, por lo que consiguieron trabajo en otra bodega), se trasladan a Buenos Aires en 1937 y tienen la fortuna de cruzarse con Buenaventura Luna, quien los acerca a ese semillero de grandes nombres de la música folklórica que fue La Tropilla de Huachi Pampa.
Con esa formación actúan exitosamente en radio El Mundo, tanto que aprovechando la inercia del suceso obtenido la emisora puso al aire “El fogón de los arrieros”, con Luna al frente.
La vida lo hizo retornar a San Juan años después, donde probó en distintos oficios para subsistir y se casó, hasta que en 1947 tuvo su revancha en la capital. Actuó en varias radios y grabó sus primeros discos, en RCA Victor. Justamente en este sello comenzó a ser reconocido hasta el punto de convertirse en una de sus figuras, y en 1950 estalló todo. Tormo contó que una vez llegó a las oficinas de la discográfica y encontró una montaña de temas, de la que extrajo casi azarosamente una firmada por un goyano que hablaba sobre los preparativos de un paisano para un baile.
A Tormo le gustó el tema y lo grabó.
Vendió millones de discos, fue un hito cultural y dio inicio al boom del folklore. Era tal el suceso que, en tiempos de inmigración interna y crecimiento económico, a los paisanos llegados del interior para trabajar en Buenos Aires, además de “cabecitas negras” los apodaban los “20 y 20”: 20 centavos para una porción de pizza parados en el mostrador y 20 centavos para poner “El rancho’e la Cambicha” en la rockola (León Gieco refirió la anécdota).
“Yo me transformé en el vocero del cabecita”, dijo Tormo en una entrevista.
Y no fue un éxito menor. Por primera vez en la historia, un chamamé (en rigor de verdad, un rasguido doble) destronaba al tango en las listas de ventas y se convertía en un fenómeno enorme, tanto que abrió la puerta para el auge del folklore en la década siguiente.
Paradójicamente, ese éxito sin precedentes entre las clases populares le valió la persecusión en 1955, cuando la dictadura de la Revolución Libertadora lo prohibió sumergiéndolo en un largo ostracismo del que solo fue rescatado después de la vuelta definitiva de la democracia, en 1983, y se levantó oficialmente la censura que pesaba sobre él.
Fue respetado y reivindicado por músicos de todos los géneros, y su última grabación fue con la banda mendocina Karamelo Santo, del mundo del rock y el reggae, con la que registró una versión de “El rancho’e la Cambicha”.
Artista verdaderamente masivo, querido por multitudes y símbolo de una época, tuvo una larga vida que concluyó a los 90 años, el 15 de noviembre de 2003, gran parte de ella vivida como “trotamundos sublime, hermano de la gaviota, surte de caracol”, igual que en “La canción del linyera”.
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Lourdes Sánchez. Presidente del Instituto de Cultura: @lourdesanchezok
