Publicado el 8.6.26 | Entrañable, talentoso y multipremiado, Carlos Portaluppi, esa cara tan familiar en televisión, cine y teatro desde hace 30 años, nació en Mercedes, en el exacto centro de la provincia de Corrientes, el 8 de junio de 1967.

Fue Hilda Casco, su profesora de francés en el secundario, quien vio en él un potencial que se estaba desperdiciando, porque en los actos escolares no le asignaban ningún papel protagónico. Ella lo subió al escenario del histórico Teatro Cervantes de Mercedes para interpretar un papel de una obra de Florencio Sánchez, en un festival provincial donde obtuvo el premio al Mejor Actor, y a partir de ahí descubrió la vocación que lo llevó a ganar el Premio Konex a la trayectoria, el Cóndor de Plata y el ACE, entre otros reconocimientos.
El llamado del destino
Cuando se trasladó a La Plata para estudiar Arquitectura, no se imaginó que el azar no lo dejaría desviarse del camino empezado en Mercedes. Cuenta que un día buscó en una guía telefónica el apellido Cruz y posó el dedo en un Oscar. Llamó, preguntó si era la casa de Lito Cruz y la respuesta fue afirmativa. A los tres días ya era alumno del recordado actor de “El garante”.
Personajes que marcaron la pantalla
Empezó en el teatro under antes de que nuevamente el azar lo llevara a un casting de Polka, y de allí a la televisión. Su personaje de Dominicci en “Vulnerables” fue uno de los más populares de la serie, dando comienzo a una seguidilla de papeles de asociación inmediata con su figura: el Morcilla de “El Marginal”, Troilo en “Historia clínica” o Lauda en “Los exitosos Pells”. En cine encarnó a John William Cooke en “Alicia & John”, y a León Arslanian en “Argentina, 1985”, entre otros tantos papeles repartidos en más de treinta películas.
Los nísperos de la infancia
Además del escenario, Portaluppi reconoce como su lugar en el mundo los nísperos en la casa de sus tías en Mercedes. “Esos nísperos eran mi burbuja, un espacio lúdico muy creativo. Me pasaba el día comiendo nísperos, cazando chicharras y soltándolas, armando y desarmando casitas. Al principio viajaba mucho a Mercedes, y ahora menos; allí todavía están mi madre y mi hermano mayor, y mis tías por parte de padre. El teatro tiene que ver con esos nísperos. Es un gran disparador a mi infancia”, recuerda el hombre que por primera vez jugó a ser otro en un viejo teatro de su, de nuestra provincia.
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