Publicado el 5.6.26 | El 5 de junio de 1975 se estrenaba el primer fenómeno de taquilla masivo del cine nacional, un hito que convocó a más de cuatro millones de espectadores, algo inédito hasta entonces: “Nazareno Cruz y el lobo”, de Leonardo Favio.

El mito del lobisón y la tragedia del amor

La historia está basada en la obra de Juan Carlos Chiappe que recrea el mito del lobisón, de origen lusitano (“lobisomem”), con profundo arraigo en el Nordeste argentino (los memoriosos recordarán el radioteatro de la compañía Kloner y Kloner que emitía LT7 en las siestas, en la década del ´80). Su protagonista es el Nazareno Cruz, séptimo hijo varón que por ello está condenado a convertirse en lobo en las noches de luna llena.

El papel fue interpretado por Juan José Camero, que lo dotó de una fuerza contenida y una desesperación constantemente a flor de piel. Su contrapartida es nada menos que el diablo empilchado como gaucho rico, “El Poderoso”, interpretado por Alfredo Alcón, que paradójicamente trata de salvarlo de su destino de emperrado a cambio de su renuncia al amor de Griselda, y para ello le ofrece una vida de riqueza que Nazareno niega por seguir a sus sentimientos aunque signifiquen su condena.

Estética épica y grandilocuencia visual

La película es un testimonio de la grandilocuencia visual de Favio, un director con un profundo sentido de las imágenes épicas, y de la multitud de influencias estéticas de las que se nutría, desde la crudeza despojada del cine social hasta el tratamiento pictórico de los grandes espacios; esto se nota, particularmente, en la escena de la Salamanca, casi un cuadro del Bosco en movimiento que remite a las condenas del Infierno dantesco. El tema central de la película, compuesto por Juan José García Caffi, se convirtió en un clásico de reconocimiento instantáneo que todavía remite a la película.

Un hito en tiempos turbulentos

Estrenada en un país devastado por la violencia política y el terrorismo de Estado que comenzaba a operar, encabezado por la Triple A, Favio declaró que fue “…una película que parte de mi ingenuidad, de haber pensado que enviando mensajes se iban a poder apaciguar los ánimos».

En 2022 “Nazareno Cruz y el lobo, las palomas y los gritos” (su título completo), fue declarada Bien de Interés Artístico Nacional, y figura firmemente entre las cien mejores películas del cine argentino.

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