Publicado el 30.4.26 | Un colectivo con todos los colores de la selva, un grupo de músicos itinerantes, la defensa irrestricta de la ecología y el canto de una tierra que endiabló a Horacio Quiroga y a Ramón Ayala. Todo eso lo supo amalgamar Joselo Schuap, nacido en Oberá el 30 de abril de 1973.

Músico trashumante al modo de los trovadores medievales, Joselo tuvo comienzos callejeros. Desde niño asimiló esa mezcla de schotis y chamamé que se mestizaron en la tierra colorada. Tras titularse como locutor en el ISER, vinculó su camino a una concepción colectivista de la cultura a través de cooperativas musicales.
Su primer disco, “Sepan que soy misionero”, contó con invitados de la talla de Bocha Sheridan, Mario Bofill y Pedro del Prado. A esta obra le siguieron trabajos como “Mundo azul”, “Agua bendita”, “Litoralmente”, “Somos agua”, “Machete y chamamé” y “El sueño del pibe”, siempre manteniendo un firme compromiso contra la explotación de los recursos naturales y la banalización de la cultura.
A bordo de “El Dino”, un micro sesentero lleno de muralistas y artistas, recorrió el país llevando arte a cada rincón, desde patios de ranchos hasta escuelitas perdidas. “Me manifiesto a través del arte”, sostiene quien desde 2020 se desempeña como ministro de Cultura de Misiones, impulsando políticas alineadas con sus convicciones populares: “Hago política cultural, afilada como un machete para el trabajo, la construcción y el abrir camino”.
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