Publicado el 1.4.26. Una epidemia asoló Corrientes en 1919, y ese acontecimiento fortuito hizo que Damasio Esquivel y Susana Peralta decidieran escapar de la peste rumbo a Buenos Aires. El parto se adelantó y los obligó a desembarcar en Rosario. Allí nació, el 1 de abril, Damasio Esquivel hijo, quien heredó de su padre el nombre y el amor por la música.
A los 11 años comenzó a estudiar solfeo y bandoneón, y apenas meses después ya acompañaba a su padre tocando música de cámara y ligera. A los 14 años inició su camino profesional. Tras pasar por distintas agrupaciones, en pleno auge de las grandes orquestas, formó su propia formación de música guaraní compuesta por bandoneones, violines, viola, cello, contrabajo y piano.
En 1955, buscando una estructura más ágil, fundó el legendario Sexteto Guaraní, un espacio por el que pasaron figuras de la talla de Juancito el Peregrino, Roberto Galarza y Gregorio Molina. Fue también el escenario donde debutaron un niño llamado Raulito Barboza y un joven cantor conocido entonces como Ramón Cidade, quien luego sería el gran Ramón Ayala.
Apodado “El Coloso del Chamamé”, su vastísima obra incluye más de trescientos temas, destacándose como cumbre “Alma Guaraní”, compuesta junto a Osvaldo Sosa Cordero. Perfeccionista y autocrítico, Esquivel sostenía siempre la importancia de estudiar y asesorarse para honrar la melodía y la palabra.
Distinguido en 1997 por la Cámara de Diputados de la Nación por su aporte a la cultura, este autor exuberante y amante de la excelencia falleció el 25 de abril de 2004, dejando un legado imperecedero en nuestra música.
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