Recuerdo

El 4 de octubre de 1891 estalló en Corrientes una insurrección contra el gobierno del autonomista Antonio Ruiz, de la que participaron liberales y miembros de la flamante Unión Cívica, fundada el año anterior. En Saladas, la represión contra los sublevados fue particularmente brutal, produciéndose durante la misma la Matanza de Saladas, en la que se perpetraron torturas, vejámenes y hasta el degüello de un maestro, Nicasio Amarilla. Gerardo Pisarello narra los hechos, que tuvieron a su padre como protagonista, en uno de sus relatos.

   Entre las fuerzas policiales que combatieron a los sublevados se encuentra Olegario Álvarez, un joven de 20 años nacido en Saladas el año de la epidemia de fiebre amarilla. El destino, un par de muertes y los devenires políticos que eran una constante por aquellos años quisieron que Olegario Álvarez, “Lega”, se convirtiera en proscrito con precio por su cabeza. Una partida policial lo ultima en Rincón de Luna, en Concepción del Yaguareté Corá, el 23 de mayo de 1906.  

   Su historia incluye amores, robos, enfrentamientos con la autoridad y una épica fuga de la cárcel; su leyenda, milagros, sanaciones, cambios de fortuna y favores. La devoción popular lo ungió santo profano, le erigió altares y le ganó devotos, como a otro proscrito mítico: el Gaucho Gil.

   León Gieco, en su tema “Bandidos rurales”, los recuerda así:

        Gaucho Gil, José Dolores, Gaucho Lega y Alarcón

        Bandidos populares de leyenda y corazón

        Queridos por anarcos, pobres y pupilas de burdel

        Todos fuera de la ley, todos fuera de la ley

   Esa imbricación que es la cultura popular atraviesa la historia, y encuentra en los hechos significados abstrusos que conforman un alma colectiva con sus propias interpretaciones, símbolos y, por supuesto, manifestaciones artísticas.