Efemérides

Bendice Padre el tigre que se agazapa adentro

De cada provinciano que dice: Sí señor

Ese tigre celeste que imagina el reencuentro

De todos sus cachorros para un tiempo mejor.

Padre Dios

Padre artista

Dios Ñamandú, el primero.

Bendice nuestro encuentro

Bendice este lugar…”

La consagración es doble en la plegaria: de la tercera Fiesta del Chamamé y del flamante Anfiteatro Cocomarola. Era 1987 y quien la profería era Julián Zini, el cura poeta, que abrió cada Fiesta, desde la primera hasta su partida a la Casa de su Padre.

   Nacido en paraje El Centinela de Ituzaingó, fue anotado en San José, Misiones, el 29 de septiembre de 1939. Su padre, Leoncio Gerónimo, trabajaba en el Servicio Especial de Defensa contra la Langosta, un organismo público que combatía las plagas del insecto que cíclicamente asolaban los campos. “Mi padre y sus compañeros hacían prevención, usaban plaguicidas, quemaban los nidos, y cuando se venía la nube negra que tapaba el sol, que era toda de langostas, salían en una camioneta con parlantes para hacer ruido y ahuyentarle”, contó una vez.

Julián vivió su infancia en Monte Caseros y fue ordenado sacerdote en 1963 por Alberto Devoto, el “apóstol de los pobres”,  primer obispo de Goya y miembro del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo (del que también formaría parte desde 1967). De esa savia social nutrió Zini su labor pastoral y su poesía, que iluminaba el legado de sabiduría, dolores y alegrías que guardaba la gente humilde y con una voz hasta ahí sin resonancia del interior correntino profundo. “Avío del alma”,  “Memoria de la sangre”, “Camba Caridá”, “La tierra no tiene dueño” y “Niña del ñangapirí” entre muchos, muchísimos otros temas, dan testimonio del profundo amor con que Zini supo dotar a una mirada que no eludió la parte más dura de la vida del correntino. “Bendícele en la planta de sus pies peregrinos/ la añoranza del hijo que tuvo que emigrar/ recuérdale que el hombre como el río es camino/ y se hace hombre andando, con otros, hacia el mar”, supo decir cuando el Verbo se hacía verso en su boca.

   Infaltable en todas las noches del Cocomarola, partió el 16 de agosto de 2020 a encontrarse en el escenario celestial con “Eustaquio, Coco, Ernesto, Millán y Tarragó

Cambá, Mariano y tantos/ que se fueron llevando su gracia musiquera a Tu eterna función”, como casi vaticinó su otra vida.